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Y ya iniciamos la vuelta, con los ojos brillantes, con nieve en el pelo, con confeti en las alas de niños y abuelos. 
Caminamos lento, sabiendo que todo está hecho, con las cartas escritas y la ilusión en el pecho. 

Con mariposas en el alma y una sonrisa calma observo tu risa revoltosa que me mirará como si cualquier cosa. Y me pregunto si continuará asombrándose igual de inocente unos años más o desaparecerá lentamente. 

Está queda la noche, afuera todo es silencio. En casa solo se mueve el crepitar del fuego. Y tal vez los sueños agitados de algún pequeño desvelado, que espera impaciente a la mañana siguiente. 

Y por fin las emociones se rinden al descanso, convirtiéndote en el ser más manso,  las sábanas y la noche, te envuelven y protegen y la ilusión en tus pensamientos tejen. 

Y allí en el calor del salón, quedan tres copitas de leche y un poco de turrón. Los zapatos lustrosos esperando, impacientes, que llegue el sol naciente. 

Y la respiración placentera, de aquellos que con ilusión esperan la llegada de los tres Reyes Magos que primero beberán unos tragos.

Y en esta noche mágica en la que los deseos se hacen realidad, nosotros os pedimos que los dejéis entrar, en vuestras casas, en vuestros corazones, en los rincones y balcones. Que el niño que llevamos dentro salga y sueñe no solo hasta el alba, que se quede todo el año, y deje de ser un extraño. 

¿Lo oyes? Las calles vacías de nuestra Villaviciosa, que esta noche está silenciosa, está expectante pero palpitante, porque solo se escuchan los corazones de aquellos que creen en las emociones.